lunes, 17 de septiembre de 2012

MENSAJE PARA UN ESTADO PLURINACIONAL


Para liberar efectivamente  la Madre Tierra, es necesario construir un Estado Plurinacional.
Mensaje de lucha y propuesta a los pueblos originarios de  Colombia… Mientras no se apague el sol

MINGASURCOLOMBIA Agosto de 2012

1.De Pueblos Originarios a subalternos y explotados pobladores de Colombia: El Qué.




La tierra ha sido violentada. Sus cuidadores están lastimados. Las balas han intentado acallar  sus propuestas. Habitantes milenarios y legítimos dueños de la historia y esta tierra, han sido disminuidos por el poder del capital, a solo treinta segundos de propaganda oficial, en los espacios de la mal llamada comunicación. La noticia corrió como pólvora: “los indios no quieren  a las fuerzas militares en sus territorio”;  luego dijeron “sacaron llorando al ejército”, cuando la campaña de las dos teledominadoras (Caracol y RCN), se colocaron de acuerdo para justificar en un libreto premeditado, la ejecución de un joven indígena defensor de su territorios al día siguiente.

Cómo pasó esto, porqué  y de dónde vienen estas realidades?. Todo tiene su historia, su contexto, su relato. Los indígenas han acumulado durante las últimas movilizaciones una elevada opinión pública. Han reconstruido los símbolos que los definen como gentes unidas, pacíficas, dignas. Ni qué decir de su capacidad de movilización y propuesta. De ahí que se han reconvertido en lo son: un ejemplo para los movimientos sociales. En la historia precolombina nuestras culturas  vivían en sus realidades, cultivando las artes, la política, la economía, el pensamiento, en equilibrio natural y ético. Aunque no creemos en el idilio del paraíso que soñara Tomás Moro o Campanela, pues también aquí existían nuestros propios conflictos y organizaciones de poderes y territorios; si afirmamos  que las sociedades que avanzaron y que aún perviven, pueden enseñarnos cómo solucionar los asuntos del poder, la cultura, la vida misma. Al momento de la invasión española, encontraron sociedades complejas, modelos de cultura y organización que fueron exportados hacia todo el mundo conocido. De aquí aprendieron a dominar la agricultura, manejar el agua, planificar los pueblos, así como nuevas formas y estrategias de poder. De hecho el capitalismo global actual no hubiese sido posible sin la explotación centenaria  de los pueblos amerindios y luego afros, como lo recuerda el sociólogo e historiador Wallerstein.  Ya en la Colonia y  con la acumulación suficiente, la memoria fue en gran parte borrada y se enseñó a despreciar lo  propio, a creer que la raza superaba la cultura y la dignidad. Muchos habitantes mesclaron sus pieles  para “blanquear” su prole; rompiendo de tajo con su conexión antigua y originaria. La Nueva República del XIX[1] solo profundizó las segregaciones, al tiempo que aumentó la explotación de los pueblos originarios  apoyando a los nuevos ricos, los criollos hábiles en ganar el apoyo de los de abajo, pero egoístas y  racistas en la construcción de una verdadera República para todos y todas. (Ver: Castillo, 2007).

En suma, los pueblos originarios (llamados equivocadamente “indios”), han sido sistemáticamente agredidos, olvidados, explotados. Similar  balance se realiza de su aporte en la economía, en la construcción de Estado Nación: solo se les tiene en cuenta como ese elemento anecdótico,  exótico, pilar de relatos sin trascendencia. De hecho, al eliminar a los pueblos en cada región o poblado, se optaba por colocar su nombre, en señal de victoria y de testimonio de derrota. Los territorios que según los criollos debían ocupar los originarios,  fueron ubicados hacia las montañas, en zonas alejadas, generalmente improductivas, conminando a los pueblos al olvido y miseria.   Desde nuestros estudios sabemos que nuestros pueblos indios también estaban en las actuales zonas urbanas, de la gran producción. ¿Acaso el  Zipa y el Zaque habitaban montañas o selvas? O Petecuy, Nutibara, Calarcá, eran habitantes de la manigua?[2] El proceso de olvidar nos ha llevado a asumir que el nativo, originario, es solo un habitante  campesino, selvático, alejado de la vida “urbana, civilizada y en paz”. La historia de los dominadores y poderosos ha convertido en realidad para ser narrada, esta oprobiosa historia, elevando a héroes a los villanos expropiadores; vilipendiando a hombres como Quintín Lame, u olvidando las gestas guerreras de la Gaitana, Mandiguagua,  Xamundí, Timanco, Pigoanza, entre tantos y tantas otros.

2. Cuando no es entendible la realidad, se debe analizar la cultura y economía: El porqué:

Así como la naciente elite criolla organizada como oligarquía,  optó por fundar una nación sobre un débil mito de combate en el que Bolívar era entronado de dientes para afuera; mientras en sus adentros hacían caso a las artimañas y perversiones de Santander, las que finalmente consolidaron el Estado como lo conocemos hasta hoy; así también se excluyó la original y  sólida fundación de nuestra  República sobre la historia originaria, como si lo hizo México, Perú, y recientemente Bolivia, en donde se elevó a  patrimonio histórico y mito fundador los aportes milenarios de sus respectivas culturas.

Como en una película de Hollywood,  estas memorias de  olvido, subvaloración, ocultamiento, han llevado a que en pleno siglo XXI muy poca población colombiana, se identifique  ya suma su pasado identitario indígena, nativo o al menos popular.    La realidad nos demarca una soberbia de mestizos con pretensiones de una perdida raza blanca que los mismos Españoles nunca tuvieron, puesto que durante su historia fueron un pueblo sucesivamente invadidos por otros europeos, africanos, asiáticos.  (Zea, 1995). Cada pueblo, según Engels tiene la historia que se merece.

La guerra así asumida se traduce en una serie de desencuentros: no hay un sentido de defensa de lo auténtico; menos se tiene la comprensión de los intereses que se mueven en estos territorios ante la nueva recolonización del capital transnacional, que en este caso, en el actual gobierno, se ha llamado eufemísticamente de “locomotora minera”. Recordemos que el principal mineral es el agua, luego los combustibles y otros tantos. Los medios azuzan a la opinión aburguesada de gentes que sin empleo, salud, vivienda, viven en paraísos de papel y luces de TV. Esos mismos que luego saldrán a satanizar a nuestros hombres y mujeres legítimamente Americanos. Los medios de desinformación lo saben: han creado previamente el escenario de   las campañas de guerras o conflictos de baja intensidad (Del Olmo, 1994). En estos conflictos primero se gana la opinión idiotizada y embrutecidas con mensajes que canalizan las respuestas y las intenciones;  haciendo que un gentil y pacífico ciudadano, al ser entrevistado parezca un agente de la guerra o un justiciero, capaz de entregar su propia vida por una causa. Además en estas guerras la maquinaria militar simula no entrar en conflicto, en ser “aliados”, “promotores”; de ahí que por ejemplo a un policía colombiano –dotado de armas de guerra y para nada fuerza civil-, sea llamado de “patrullero; “intendente”, queriendo eliminar su papel de combatiente, hombre en armas. El manejo de noticias  sobre drogas, guerra, conflictos, se selecciona previamente para editarlas y ser lanzadas de acuerdo con las intenciones de los grupos de poder o gobiernos de turno. Las guerras  de baja intensidad son en estos casos una estrategia a analizar y ninca olvidar.

Entre analfabetismo, pobreza, insalubridad, carencia de tecnología para vivir bien;  los pueblos originarios hacen parte en el hoy, de las masas de subalternos, al lado de obreros, estudiantes, afros, desempleados, jóvenes y profesionales sin patria. Esperan más que la solidaridad del “ciudadano”, su entendimiento y compromiso. Las guerras del siglo XXI ya  iniciaron, se disparan por combustibles, agua, información, identidad. No es gratuito que nuestros pueblos indígenas estén superpuestos en zonas de reserva y producción del agua;   que posean minerales, hidrocarburos, vías de comunicación vitales  geopolíticamente. El IIRSA lo ha entendido hace más de dos décadas, señalando interconexiones  inter oceánicas aprovechando  los ríos; uniendo transportes multimodales, en los que los pueblos originarios tienen todo para perder. La estrategia hacia los subalternos –los de abajo-, sigue siendo la misma desde los tiempos de las ansias del Dorado, la Quina, el Caucho: aniquilar, explotar, exportar,   concentrar el capital en unas cuantas personas, que bien se les puede identificar como las oligarquías y burguesías trasnacionales: Monsanto, Bayer,  Nestlé, Coca cola, Exxon, Brithis Petroleum, Pacific Rubiales, son más que nombres, estrategias reales de guerra económica, política y militar. Son las nuevas caras de los barcos llegados hace 5 siglos a las costas de Abya Yala (América). Ya aprendimos con dolor y sentido de recuperación que ya no nos pueden confundir con luces, pólvora, rezos, ONG´s, que traen detrás de si la muerte, el desasosiego, la separación del proyecto común para vivir bien ya. 
Cada pueblo, cada voz que se atraviese ante ellas, será declarado como bárbaro, incivilizado, enemigo, inhumano, preparando el camino para su eliminación o compra de su conciencia y dignidad. La lucha sigue siendo, en la segunda década del siglo XXI, contra la maquinaria del capital disfrazado de intervenciones, democracia ramplona y seguridad territorial.

3. La propuesta es ser Estado Plurinacional: El cómo y para qué.

La discusión de si los nativos americanos tenían alma o no atravesó las mentes de los pensadores medievales y pre modernos. Los debates de De Las Casas, Pedro Claver, elevaron la conciencia de humanidad de los nuestros. Solo con la modernidad y las nuevas repúblicas liberales, se entendió la noción de derechos, de seres humanos plenos. Las múltiples declaraciones del derecho internacional, ONU, DIH, Tribunales, convenciones, coinciden en definir una sola noción de seres humanos  dignos: el gran Género Humano, sin distingos ni notas a pie de página. Sin embrago, lo sabemos que así como en el siglo XIX se discutía de parte de los terratenientes  y gamonales “cuánta tierra necesita un indio”, en este siglo XXI algunos poderosos y gentes violentas  aseguran que tienen mucha tierra, que son pedigüeños, hábiles traficantes de sus trajes; hombrecillos incómodos, perezosos, enemigos de un tal desarrollo y del progreso. Ante este tipo de opiniones, los originarios responden más que con palabras con su legado y testimonio: cuidan el agua, viven en armonía con la naturaleza y especies; dan ejemplos de comunidad y cohesión  moral; tramitan los conflictos sin eliminar al otro; son pilares de la cultura pasada  presente y  futura; poseen la más seria alternativa ante el desastre inminente del capitalismo derrochador y aniquilador del planeta.


Lo anterior se entiende en los contexto de lo que hemos definido por Estado. La tradición liberal occidental se alindera con la definición weberiana, quien nos recuerda que es aquella comunidad que reclama para sí –con éxito-, el monopolio de la violencia dentro de un territorio. Es decir, aquí prima el control y la violencia, como lo propone, sin éxito, la oligarquía nacional desde la Primera República de 1819. La otra entrada hacia un Estado involucra las gentes, territorio y leyes o normas. Diríamos que en la constitución del 91  se avanzó en esta interpretación, agregando el famoso capítulo 1º. , donde se demarca a nuestra Colombia como Estado social de derecho. Nuestros pueblos sobrevivientes a la invasión europea y a la explotación desde adentro, han asegurado durante los siglos su identidad, encuentro, usos y costumbres, legislación propia, fuero indígena, territorios demarcados y autosuficientes, capacidad de auto regulación, civilidad y democracia. Toda esta amalgama reconocida en las diferentes sentencias y normas, hacen valer el camino hacia una autonomía verdadera que trascienda la ya enunciada Constitución del 91 y sus artículos 2,3, 7, 8, referidos a los fines del Estado, soberanía, diversidad y la protección cultural y natural; agregados a los artículos 329, 330,  sobre régimen especial territorial. De cierto, las constituciones deberían interpretar las realidades históricas, la realidad social, los valores esenciales y la perspectiva del pueblo a la que va dirigida (Henao Hidrón, 1992); por ello no es una especulación de cafeterías o caminos solitarios, proponer  algunos momentos para convertir en efectiva esta propuesta:

1.Articular los canales de comunicación, difusión y socialización de la propuesta para ser presentada en comunidad, venciendo la sectorización de  algunos pueblos y logrando unificar la mayoría de naciones originarias en Colombia. La pléyade de comunicadores y redes alternativas se deben reactivar, denunciando paralelamente los abusos y el daños hacia los procesos comunitarios que las mega organizaciones de la comunicación han  ocasionado. Se debe recordar que desde adentro algunos medios han dañado el nombre, sentido e imaginarios colectivos de las luchas  originarias.

2.Romper el temor a exponer al visión de Estado Plurinacional, retomando la valía y proyección del pueblo Boliviano que ha redactado su nueva constitución rompiendo con el racismo, el colonialismo y la dependencia. Nos referimos al preámbulo histórico, cultural, emancipatorio[3], seguido de los artículos 1, 2, 3, 8, 9, sobre la definición, bases fundamentales, principios y fines del Estado. Los artículos 290 al 297, ilustran la posibilidad de logra un nuevo Estado sin romperla integridad territorial y la unidad nacional, logros de los Estados modernos en el que incluimos a Colombia.

3.Con la información, aliados, movilización permanente, más grupos de trabajo y constitucionalistas, se debe preparar la presentación de la Reforma Constitucional que bien puede tener cabida en el movimiento nacional por la Nueva constituyente.

4.Empoderar ante otras Naciones Originarias y Estados Plurinacionales, la oficialización de la propuesta para lograr su aceptación, empoderamiento e integralidad. Los encuentros abiertamente fundantes se deben realizar, más allá de la información maniquea de unidad nacional o de sectores ajenos promotores de la fracturación nacional. El proceso es inevitable. DE nuevo, el pueblo boliviano debió pasar su proceso demostrando la solución final a los conflictos coloniales y ahora poscoloniales.

5.Superar colectivamente la aceptación del lenguaje de culpa, vergüenza, que ha hecho ver y parcialmente aceptar la derrota ante el avance económico, militar y cultural de la oligarquía criolla. Las campañas de comunicación desde abajo las debemos retomar a través de las redes sociales, encuentros, grupos y gentes sensibles a la pervivencia y dignidad de nuestra madre tierra y los pueblos originarios. La primera victoria, lo diría Orlando Fals Borda, es iniciar a pensar, en su obra “Hacia el Socialismo raizal y otros escritos”.[4]  

Nuestro propósito colectivo no es otro que lograr que  afirmativamente los mandatos populares, los puntos de los movimientos sociales, que por siglos ahogados y olvidados, puedan tener eco detrás de la visión de Los Mayores; para cimentar la nueva tierra para todos y todas. Territorio, gentes, naturaleza, cultura, economía, poder, espíritu, se deben encontrar en otro sistema de vida, hacia el nuevo paradigma. Si es necesaria otra constitución, debemos mirar hacia allá con prontitud y todas nuestras  fuerzas.

4. Ultima línea:

Pedir perdón para el Estado es el ejercicio de la metáfora política medieval, que nos enseña que si los campesinos se organizan y protestan contra el rey, este organiza a sus perros rabiosos para que los ataquen, lastimen. Si los campesinos quieren justicia, ordena ejecutar a los perros, más el rey sigue igual, planeando la siguiente artimaña…

Los generales, los ministros y el mismo  presidente, se han colocado la gota de agua en las pupilas. Cómo no, si los falsos positivos son una gigantesca montaña no minera sino de horrores al DIH, a los Derechos Humanos; se sabrá en otra enseñanza centenaria que el capital necesita fingir la paz, construirla e imponerla de arriba hacia abajo. La pax romana, la de los sepulcros. De ahí que efectivamente regresaron con más unidades militares, forcejeando a la comunidad en otra situación que sabemos sabrán sortear con sentido de  la palabra que camina. El país entero los anima, acoge. Estamos con ustedes, nuestros mayores. La madre tierra al ser liberada por fin será para todas y todas.

EUCHA ¡¡¡

Un abrazo cultural y ancestral.



Bibliografía y referencias:


Henao Hidrón. Constitución Política de Colombia. Temis. Bogotá 1992.
Weber Max. Economía y Sociedad. FCE. México. 1964.
Del Olmo, Rosa. (1994) Drogas y conflictos de baja intensidad en América Latina. Forum Pacis. Bogotá.
Zea, Leopoldo. Discurso desde la marginal y la barbarie. Mimeo. 2000.
Castillo, Luis Carlos. Etnicidad y Nación. El desafío de la diversidad en Colombia. Programa Editorial Universidad del Valle. Cali, 2007.
Reichel-Dolmatoff, Gerardo. “Colombia indígena, periodo prehispánico” En: Nueva Historia de Colombia. Planeta. Bogotá. 1989.
Nueva Constitución Política del Estado. Asamblea Constituyente  de Bolivia. Versión oficial. La paz. 2008.
Fals Borda, Orlando. Hacia el Socialismo raizal y otros escritos. Biblioteca  Vértices Colombianos. Ediciones desde abajo. Bogotá. 2007




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[1] El sociólogo Castillo, en su tesis doctoral, retomando a Darío Mesa, sintetiza la situación de tensión y de olvido instrumental del aporte de los indígenas, afros en la construcción de nación: “la negación de lo negro y lo indio coexiste con la idea de mestizaje como el tema que identifica la colombianidad. En el mestizaje se encuentra  la esencia de la identidad colombiana para lograra el progreso y el desarrollo que ofrece la civilización. Sin embargo, aquí está presente la idea de blanqueamiento de la Nación: una nación en blanqueamiento en la que los  negros y los indios  son absorbidos”. Ver: Castillo, Luis Carlos. Etnicidad y Nación. El desafío de la diversidad en Colombia. Programa Editorial Universidad del Valle. Cali, 2007.
[2] Las investigaciones del equipo arqueológico dirigido por Gerardo Reichel-Dolmatoff, ha comprobado para este punto nuestras hipótesis. En las investigaciones de la Nueva Historia de Colombia ha escrito que: “Las llanuras, las cordilleras, las costas, los ríos de Colombia, han sido, desde miles de años, el terruño, el sustento y el continuo estímulo de un sinnúmero  de seres  humanos que,  desde los albores de los tiempos hasta la conquista española, han desarrollado aquí   sus diversas  formas culturales, de acuerdo con su  respectivo equipo cultural y tecnológico…” Ver: Reiche-Dolmatoff, Gerardo. “Colombia indígena, periodo prehispánico” En: Nueva Historia de Colombia. Planeta. Bogotá. 1989.
[3] Nos referimos a la oportuna redacción de la Constitución Boliviana aprobada en 2008, que señala la historicidad, cultura, territorio e inclusión. Su preámbulo enuncia: “En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles  se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes, y comprendimos desde entonces  la pluralidad vidente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas. Así conformamos nuestros pueblos, y jamás comprendimos el racismo  hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la colonia…El pueblo boliviano, de composición plural, desde la profundidad  de la historia, inspirado en las luchas del pasado, en la sublevación indígena anticolonial, en la independencia, en las luchas populares de liberación, en las marchas indígenas, sociales y sindicales, en las guerras del agua y de octubre, en las  luchas por la tierra y el territorio, y con la memoria de nuestros mártires, construimos un nuevo Estado…” Ver: Nueva Constitución Política del Estado. Asamblea Constituyente  de Bolivia. Versión oficial. La paz. 2008.
[4] La pertinencia de la obra Falsbordiana, radica en la inclusión hacia lo que este investigador de punta mundial –nuestro-, ha llamado como “Democracia Radical y Teoría de los Pueblos Originarios y Valores Fundantes”. Al respecto señala que: “(Los indígenas primarios ) son la matriz primaria por su propia ´ley de origen´ donde se han acomodado los grupos  siguientes ( se refiere a los negros libres, los campesinos-artesanos anti señoriales y los colonos pioneros internos), son el producto de una impresionante secuencia formativa que ve desde Aztecas  y Mayas, pasando por Caribes y Muiscas, Incas, Mapuches y Guaraníes, en secuencia que es en toda forma comparable a la otra secuencia más promocionada, la del mar Mediterráneo y el cercano oriente”. En: Fals Borda, Orlando. Hacia el Socialismo raizal y otros escritos. Biblioteca  Vértices Colombianos. Ediciones desde abajo. Bogotá. 2007