lunes, 17 de septiembre de 2012

MENSAJE PARA UN ESTADO PLURINACIONAL


Para liberar efectivamente  la Madre Tierra, es necesario construir un Estado Plurinacional.
Mensaje de lucha y propuesta a los pueblos originarios de  Colombia… Mientras no se apague el sol

MINGASURCOLOMBIA Agosto de 2012

1.De Pueblos Originarios a subalternos y explotados pobladores de Colombia: El Qué.




La tierra ha sido violentada. Sus cuidadores están lastimados. Las balas han intentado acallar  sus propuestas. Habitantes milenarios y legítimos dueños de la historia y esta tierra, han sido disminuidos por el poder del capital, a solo treinta segundos de propaganda oficial, en los espacios de la mal llamada comunicación. La noticia corrió como pólvora: “los indios no quieren  a las fuerzas militares en sus territorio”;  luego dijeron “sacaron llorando al ejército”, cuando la campaña de las dos teledominadoras (Caracol y RCN), se colocaron de acuerdo para justificar en un libreto premeditado, la ejecución de un joven indígena defensor de su territorios al día siguiente.

Cómo pasó esto, porqué  y de dónde vienen estas realidades?. Todo tiene su historia, su contexto, su relato. Los indígenas han acumulado durante las últimas movilizaciones una elevada opinión pública. Han reconstruido los símbolos que los definen como gentes unidas, pacíficas, dignas. Ni qué decir de su capacidad de movilización y propuesta. De ahí que se han reconvertido en lo son: un ejemplo para los movimientos sociales. En la historia precolombina nuestras culturas  vivían en sus realidades, cultivando las artes, la política, la economía, el pensamiento, en equilibrio natural y ético. Aunque no creemos en el idilio del paraíso que soñara Tomás Moro o Campanela, pues también aquí existían nuestros propios conflictos y organizaciones de poderes y territorios; si afirmamos  que las sociedades que avanzaron y que aún perviven, pueden enseñarnos cómo solucionar los asuntos del poder, la cultura, la vida misma. Al momento de la invasión española, encontraron sociedades complejas, modelos de cultura y organización que fueron exportados hacia todo el mundo conocido. De aquí aprendieron a dominar la agricultura, manejar el agua, planificar los pueblos, así como nuevas formas y estrategias de poder. De hecho el capitalismo global actual no hubiese sido posible sin la explotación centenaria  de los pueblos amerindios y luego afros, como lo recuerda el sociólogo e historiador Wallerstein.  Ya en la Colonia y  con la acumulación suficiente, la memoria fue en gran parte borrada y se enseñó a despreciar lo  propio, a creer que la raza superaba la cultura y la dignidad. Muchos habitantes mesclaron sus pieles  para “blanquear” su prole; rompiendo de tajo con su conexión antigua y originaria. La Nueva República del XIX[1] solo profundizó las segregaciones, al tiempo que aumentó la explotación de los pueblos originarios  apoyando a los nuevos ricos, los criollos hábiles en ganar el apoyo de los de abajo, pero egoístas y  racistas en la construcción de una verdadera República para todos y todas. (Ver: Castillo, 2007).

En suma, los pueblos originarios (llamados equivocadamente “indios”), han sido sistemáticamente agredidos, olvidados, explotados. Similar  balance se realiza de su aporte en la economía, en la construcción de Estado Nación: solo se les tiene en cuenta como ese elemento anecdótico,  exótico, pilar de relatos sin trascendencia. De hecho, al eliminar a los pueblos en cada región o poblado, se optaba por colocar su nombre, en señal de victoria y de testimonio de derrota. Los territorios que según los criollos debían ocupar los originarios,  fueron ubicados hacia las montañas, en zonas alejadas, generalmente improductivas, conminando a los pueblos al olvido y miseria.   Desde nuestros estudios sabemos que nuestros pueblos indios también estaban en las actuales zonas urbanas, de la gran producción. ¿Acaso el  Zipa y el Zaque habitaban montañas o selvas? O Petecuy, Nutibara, Calarcá, eran habitantes de la manigua?[2] El proceso de olvidar nos ha llevado a asumir que el nativo, originario, es solo un habitante  campesino, selvático, alejado de la vida “urbana, civilizada y en paz”. La historia de los dominadores y poderosos ha convertido en realidad para ser narrada, esta oprobiosa historia, elevando a héroes a los villanos expropiadores; vilipendiando a hombres como Quintín Lame, u olvidando las gestas guerreras de la Gaitana, Mandiguagua,  Xamundí, Timanco, Pigoanza, entre tantos y tantas otros.

2. Cuando no es entendible la realidad, se debe analizar la cultura y economía: El porqué:

Así como la naciente elite criolla organizada como oligarquía,  optó por fundar una nación sobre un débil mito de combate en el que Bolívar era entronado de dientes para afuera; mientras en sus adentros hacían caso a las artimañas y perversiones de Santander, las que finalmente consolidaron el Estado como lo conocemos hasta hoy; así también se excluyó la original y  sólida fundación de nuestra  República sobre la historia originaria, como si lo hizo México, Perú, y recientemente Bolivia, en donde se elevó a  patrimonio histórico y mito fundador los aportes milenarios de sus respectivas culturas.

Como en una película de Hollywood,  estas memorias de  olvido, subvaloración, ocultamiento, han llevado a que en pleno siglo XXI muy poca población colombiana, se identifique  ya suma su pasado identitario indígena, nativo o al menos popular.    La realidad nos demarca una soberbia de mestizos con pretensiones de una perdida raza blanca que los mismos Españoles nunca tuvieron, puesto que durante su historia fueron un pueblo sucesivamente invadidos por otros europeos, africanos, asiáticos.  (Zea, 1995). Cada pueblo, según Engels tiene la historia que se merece.

La guerra así asumida se traduce en una serie de desencuentros: no hay un sentido de defensa de lo auténtico; menos se tiene la comprensión de los intereses que se mueven en estos territorios ante la nueva recolonización del capital transnacional, que en este caso, en el actual gobierno, se ha llamado eufemísticamente de “locomotora minera”. Recordemos que el principal mineral es el agua, luego los combustibles y otros tantos. Los medios azuzan a la opinión aburguesada de gentes que sin empleo, salud, vivienda, viven en paraísos de papel y luces de TV. Esos mismos que luego saldrán a satanizar a nuestros hombres y mujeres legítimamente Americanos. Los medios de desinformación lo saben: han creado previamente el escenario de   las campañas de guerras o conflictos de baja intensidad (Del Olmo, 1994). En estos conflictos primero se gana la opinión idiotizada y embrutecidas con mensajes que canalizan las respuestas y las intenciones;  haciendo que un gentil y pacífico ciudadano, al ser entrevistado parezca un agente de la guerra o un justiciero, capaz de entregar su propia vida por una causa. Además en estas guerras la maquinaria militar simula no entrar en conflicto, en ser “aliados”, “promotores”; de ahí que por ejemplo a un policía colombiano –dotado de armas de guerra y para nada fuerza civil-, sea llamado de “patrullero; “intendente”, queriendo eliminar su papel de combatiente, hombre en armas. El manejo de noticias  sobre drogas, guerra, conflictos, se selecciona previamente para editarlas y ser lanzadas de acuerdo con las intenciones de los grupos de poder o gobiernos de turno. Las guerras  de baja intensidad son en estos casos una estrategia a analizar y ninca olvidar.

Entre analfabetismo, pobreza, insalubridad, carencia de tecnología para vivir bien;  los pueblos originarios hacen parte en el hoy, de las masas de subalternos, al lado de obreros, estudiantes, afros, desempleados, jóvenes y profesionales sin patria. Esperan más que la solidaridad del “ciudadano”, su entendimiento y compromiso. Las guerras del siglo XXI ya  iniciaron, se disparan por combustibles, agua, información, identidad. No es gratuito que nuestros pueblos indígenas estén superpuestos en zonas de reserva y producción del agua;   que posean minerales, hidrocarburos, vías de comunicación vitales  geopolíticamente. El IIRSA lo ha entendido hace más de dos décadas, señalando interconexiones  inter oceánicas aprovechando  los ríos; uniendo transportes multimodales, en los que los pueblos originarios tienen todo para perder. La estrategia hacia los subalternos –los de abajo-, sigue siendo la misma desde los tiempos de las ansias del Dorado, la Quina, el Caucho: aniquilar, explotar, exportar,   concentrar el capital en unas cuantas personas, que bien se les puede identificar como las oligarquías y burguesías trasnacionales: Monsanto, Bayer,  Nestlé, Coca cola, Exxon, Brithis Petroleum, Pacific Rubiales, son más que nombres, estrategias reales de guerra económica, política y militar. Son las nuevas caras de los barcos llegados hace 5 siglos a las costas de Abya Yala (América). Ya aprendimos con dolor y sentido de recuperación que ya no nos pueden confundir con luces, pólvora, rezos, ONG´s, que traen detrás de si la muerte, el desasosiego, la separación del proyecto común para vivir bien ya. 
Cada pueblo, cada voz que se atraviese ante ellas, será declarado como bárbaro, incivilizado, enemigo, inhumano, preparando el camino para su eliminación o compra de su conciencia y dignidad. La lucha sigue siendo, en la segunda década del siglo XXI, contra la maquinaria del capital disfrazado de intervenciones, democracia ramplona y seguridad territorial.

3. La propuesta es ser Estado Plurinacional: El cómo y para qué.

La discusión de si los nativos americanos tenían alma o no atravesó las mentes de los pensadores medievales y pre modernos. Los debates de De Las Casas, Pedro Claver, elevaron la conciencia de humanidad de los nuestros. Solo con la modernidad y las nuevas repúblicas liberales, se entendió la noción de derechos, de seres humanos plenos. Las múltiples declaraciones del derecho internacional, ONU, DIH, Tribunales, convenciones, coinciden en definir una sola noción de seres humanos  dignos: el gran Género Humano, sin distingos ni notas a pie de página. Sin embrago, lo sabemos que así como en el siglo XIX se discutía de parte de los terratenientes  y gamonales “cuánta tierra necesita un indio”, en este siglo XXI algunos poderosos y gentes violentas  aseguran que tienen mucha tierra, que son pedigüeños, hábiles traficantes de sus trajes; hombrecillos incómodos, perezosos, enemigos de un tal desarrollo y del progreso. Ante este tipo de opiniones, los originarios responden más que con palabras con su legado y testimonio: cuidan el agua, viven en armonía con la naturaleza y especies; dan ejemplos de comunidad y cohesión  moral; tramitan los conflictos sin eliminar al otro; son pilares de la cultura pasada  presente y  futura; poseen la más seria alternativa ante el desastre inminente del capitalismo derrochador y aniquilador del planeta.


Lo anterior se entiende en los contexto de lo que hemos definido por Estado. La tradición liberal occidental se alindera con la definición weberiana, quien nos recuerda que es aquella comunidad que reclama para sí –con éxito-, el monopolio de la violencia dentro de un territorio. Es decir, aquí prima el control y la violencia, como lo propone, sin éxito, la oligarquía nacional desde la Primera República de 1819. La otra entrada hacia un Estado involucra las gentes, territorio y leyes o normas. Diríamos que en la constitución del 91  se avanzó en esta interpretación, agregando el famoso capítulo 1º. , donde se demarca a nuestra Colombia como Estado social de derecho. Nuestros pueblos sobrevivientes a la invasión europea y a la explotación desde adentro, han asegurado durante los siglos su identidad, encuentro, usos y costumbres, legislación propia, fuero indígena, territorios demarcados y autosuficientes, capacidad de auto regulación, civilidad y democracia. Toda esta amalgama reconocida en las diferentes sentencias y normas, hacen valer el camino hacia una autonomía verdadera que trascienda la ya enunciada Constitución del 91 y sus artículos 2,3, 7, 8, referidos a los fines del Estado, soberanía, diversidad y la protección cultural y natural; agregados a los artículos 329, 330,  sobre régimen especial territorial. De cierto, las constituciones deberían interpretar las realidades históricas, la realidad social, los valores esenciales y la perspectiva del pueblo a la que va dirigida (Henao Hidrón, 1992); por ello no es una especulación de cafeterías o caminos solitarios, proponer  algunos momentos para convertir en efectiva esta propuesta:

1.Articular los canales de comunicación, difusión y socialización de la propuesta para ser presentada en comunidad, venciendo la sectorización de  algunos pueblos y logrando unificar la mayoría de naciones originarias en Colombia. La pléyade de comunicadores y redes alternativas se deben reactivar, denunciando paralelamente los abusos y el daños hacia los procesos comunitarios que las mega organizaciones de la comunicación han  ocasionado. Se debe recordar que desde adentro algunos medios han dañado el nombre, sentido e imaginarios colectivos de las luchas  originarias.

2.Romper el temor a exponer al visión de Estado Plurinacional, retomando la valía y proyección del pueblo Boliviano que ha redactado su nueva constitución rompiendo con el racismo, el colonialismo y la dependencia. Nos referimos al preámbulo histórico, cultural, emancipatorio[3], seguido de los artículos 1, 2, 3, 8, 9, sobre la definición, bases fundamentales, principios y fines del Estado. Los artículos 290 al 297, ilustran la posibilidad de logra un nuevo Estado sin romperla integridad territorial y la unidad nacional, logros de los Estados modernos en el que incluimos a Colombia.

3.Con la información, aliados, movilización permanente, más grupos de trabajo y constitucionalistas, se debe preparar la presentación de la Reforma Constitucional que bien puede tener cabida en el movimiento nacional por la Nueva constituyente.

4.Empoderar ante otras Naciones Originarias y Estados Plurinacionales, la oficialización de la propuesta para lograr su aceptación, empoderamiento e integralidad. Los encuentros abiertamente fundantes se deben realizar, más allá de la información maniquea de unidad nacional o de sectores ajenos promotores de la fracturación nacional. El proceso es inevitable. DE nuevo, el pueblo boliviano debió pasar su proceso demostrando la solución final a los conflictos coloniales y ahora poscoloniales.

5.Superar colectivamente la aceptación del lenguaje de culpa, vergüenza, que ha hecho ver y parcialmente aceptar la derrota ante el avance económico, militar y cultural de la oligarquía criolla. Las campañas de comunicación desde abajo las debemos retomar a través de las redes sociales, encuentros, grupos y gentes sensibles a la pervivencia y dignidad de nuestra madre tierra y los pueblos originarios. La primera victoria, lo diría Orlando Fals Borda, es iniciar a pensar, en su obra “Hacia el Socialismo raizal y otros escritos”.[4]  

Nuestro propósito colectivo no es otro que lograr que  afirmativamente los mandatos populares, los puntos de los movimientos sociales, que por siglos ahogados y olvidados, puedan tener eco detrás de la visión de Los Mayores; para cimentar la nueva tierra para todos y todas. Territorio, gentes, naturaleza, cultura, economía, poder, espíritu, se deben encontrar en otro sistema de vida, hacia el nuevo paradigma. Si es necesaria otra constitución, debemos mirar hacia allá con prontitud y todas nuestras  fuerzas.

4. Ultima línea:

Pedir perdón para el Estado es el ejercicio de la metáfora política medieval, que nos enseña que si los campesinos se organizan y protestan contra el rey, este organiza a sus perros rabiosos para que los ataquen, lastimen. Si los campesinos quieren justicia, ordena ejecutar a los perros, más el rey sigue igual, planeando la siguiente artimaña…

Los generales, los ministros y el mismo  presidente, se han colocado la gota de agua en las pupilas. Cómo no, si los falsos positivos son una gigantesca montaña no minera sino de horrores al DIH, a los Derechos Humanos; se sabrá en otra enseñanza centenaria que el capital necesita fingir la paz, construirla e imponerla de arriba hacia abajo. La pax romana, la de los sepulcros. De ahí que efectivamente regresaron con más unidades militares, forcejeando a la comunidad en otra situación que sabemos sabrán sortear con sentido de  la palabra que camina. El país entero los anima, acoge. Estamos con ustedes, nuestros mayores. La madre tierra al ser liberada por fin será para todas y todas.

EUCHA ¡¡¡

Un abrazo cultural y ancestral.



Bibliografía y referencias:


Henao Hidrón. Constitución Política de Colombia. Temis. Bogotá 1992.
Weber Max. Economía y Sociedad. FCE. México. 1964.
Del Olmo, Rosa. (1994) Drogas y conflictos de baja intensidad en América Latina. Forum Pacis. Bogotá.
Zea, Leopoldo. Discurso desde la marginal y la barbarie. Mimeo. 2000.
Castillo, Luis Carlos. Etnicidad y Nación. El desafío de la diversidad en Colombia. Programa Editorial Universidad del Valle. Cali, 2007.
Reichel-Dolmatoff, Gerardo. “Colombia indígena, periodo prehispánico” En: Nueva Historia de Colombia. Planeta. Bogotá. 1989.
Nueva Constitución Política del Estado. Asamblea Constituyente  de Bolivia. Versión oficial. La paz. 2008.
Fals Borda, Orlando. Hacia el Socialismo raizal y otros escritos. Biblioteca  Vértices Colombianos. Ediciones desde abajo. Bogotá. 2007




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[1] El sociólogo Castillo, en su tesis doctoral, retomando a Darío Mesa, sintetiza la situación de tensión y de olvido instrumental del aporte de los indígenas, afros en la construcción de nación: “la negación de lo negro y lo indio coexiste con la idea de mestizaje como el tema que identifica la colombianidad. En el mestizaje se encuentra  la esencia de la identidad colombiana para lograra el progreso y el desarrollo que ofrece la civilización. Sin embargo, aquí está presente la idea de blanqueamiento de la Nación: una nación en blanqueamiento en la que los  negros y los indios  son absorbidos”. Ver: Castillo, Luis Carlos. Etnicidad y Nación. El desafío de la diversidad en Colombia. Programa Editorial Universidad del Valle. Cali, 2007.
[2] Las investigaciones del equipo arqueológico dirigido por Gerardo Reichel-Dolmatoff, ha comprobado para este punto nuestras hipótesis. En las investigaciones de la Nueva Historia de Colombia ha escrito que: “Las llanuras, las cordilleras, las costas, los ríos de Colombia, han sido, desde miles de años, el terruño, el sustento y el continuo estímulo de un sinnúmero  de seres  humanos que,  desde los albores de los tiempos hasta la conquista española, han desarrollado aquí   sus diversas  formas culturales, de acuerdo con su  respectivo equipo cultural y tecnológico…” Ver: Reiche-Dolmatoff, Gerardo. “Colombia indígena, periodo prehispánico” En: Nueva Historia de Colombia. Planeta. Bogotá. 1989.
[3] Nos referimos a la oportuna redacción de la Constitución Boliviana aprobada en 2008, que señala la historicidad, cultura, territorio e inclusión. Su preámbulo enuncia: “En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles  se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes, y comprendimos desde entonces  la pluralidad vidente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas. Así conformamos nuestros pueblos, y jamás comprendimos el racismo  hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la colonia…El pueblo boliviano, de composición plural, desde la profundidad  de la historia, inspirado en las luchas del pasado, en la sublevación indígena anticolonial, en la independencia, en las luchas populares de liberación, en las marchas indígenas, sociales y sindicales, en las guerras del agua y de octubre, en las  luchas por la tierra y el territorio, y con la memoria de nuestros mártires, construimos un nuevo Estado…” Ver: Nueva Constitución Política del Estado. Asamblea Constituyente  de Bolivia. Versión oficial. La paz. 2008.
[4] La pertinencia de la obra Falsbordiana, radica en la inclusión hacia lo que este investigador de punta mundial –nuestro-, ha llamado como “Democracia Radical y Teoría de los Pueblos Originarios y Valores Fundantes”. Al respecto señala que: “(Los indígenas primarios ) son la matriz primaria por su propia ´ley de origen´ donde se han acomodado los grupos  siguientes ( se refiere a los negros libres, los campesinos-artesanos anti señoriales y los colonos pioneros internos), son el producto de una impresionante secuencia formativa que ve desde Aztecas  y Mayas, pasando por Caribes y Muiscas, Incas, Mapuches y Guaraníes, en secuencia que es en toda forma comparable a la otra secuencia más promocionada, la del mar Mediterráneo y el cercano oriente”. En: Fals Borda, Orlando. Hacia el Socialismo raizal y otros escritos. Biblioteca  Vértices Colombianos. Ediciones desde abajo. Bogotá. 2007

martes, 10 de abril de 2012

Escritos MINGASURCOLOMBIA, 4

http://profile.ak.fbcdn.net/hprofile-ak-snc4/50316_116218634968_9929_n.jpgLA EDUCACIÓN QUE NECESITAMOS Y QUE JUSTAMENTE MERECEMOS.

Hacia la reforma constitucional. Por el derecho fundamental a la educación.

MINGASURCOLOMBIA Noviembre de 2011

La defensa de la educación ya va a acumular otros dos siglos. Desde el siglo pasado, en el XX, estuvimos organizados defendiendo su legado y promesa. Desde la época de 1.992, las diferentes universidades públicas y algunas privadas resistimos ante la arremetida del Estado, en ese entonces dirigido por Cesar Gaviria. Se trataba de la arremetida del modelo Neoliberal en lo económico y Ultraconservador en lo político y democrático. Esta época coincidía con el auge del proyecto paramilitar, generador del desplazamiento en la nueva época del capital. El narcotráfico como manifestación de la nueva acumulación del capital estridente y siempre violente, inauguraba la década. Este nuevo modelo de producción y generación de riqueza era la nueva fase superior del capitalismo. La violencia narqueta de la mano con la des institucionalización del país, cimentó que la educación también perdiera su perfil como motor legal del ascenso social, de la mano del esfuerzo y la meritocracia real. De hecho, la ley marco de educación, la ley 30 de 1992, arrebató la verdadera financiación, autonomía, soberanía a la educación pública. Unidas estas dos fuerzas, la acumulación desmedida e inmediata y la agresión estatal hacia el presupuesto; deslegitimaron la educación hasta el grado de dejarla a su suerte, sin un pacto social de respeto y categoría. Los artículos 86 y 87 de la Ley 30 discriminaban (aún lo hacen) el cómo se repartirían dichos recursos.

Ante este panorama, las universidades públicas resistimos contra las fuerzas legales e ilegales; debatiendo entre asambleas, tropeles, desalojos, desaparecidos, asesinados, mutilados. La siguiente década, inicio del siglo XXI, estuvo de nuevo intermediada por las sucesivas agresiones de los regímenes de turno: Pastrana (con su entonces ministro de hacienda Juan Manuel Santos) y su recorte a la Ley de Transferencias; las luchas contra el Acto Legislativo 001, Plan de Desarrollo, en donde los universitarios acompañados del movimiento profesoral nacional reversamos ese lesivo decreto. Sin embargo, la habilidad del aparato estatal reformuló sus medidas y nos acorraló en otros decretos a cuenta gotas, para al final continuar con la andanada de privatización, terror y recortes. De esa época se recuerda a las universidades luchando por cumplir al dedillo los indicadores de cobertura y eficiencia. Se nos enseñó que para agradar al presupuesto nacional, debíamos rendir cuan empresa de chorizos o de gaseosas, con mayor eficacia y eficiencia. La Universidad Nacional enseño que se podía seguir trabajando por un tiempo, sin aceptar esta mordaza económica, al cabo del cual terminó cediendo ante el entramado de burocracia y presión.

Para nuestro contexto, en Univalle la aceptación de la Ley 30, fue a rajatabla. Se impuso el sistema de premios y puntuaciones adicionales, con lo que se consiguió unos cuantos miles de millones más por la eficiente labor cumplida. Al tiempo en Univalle se demostraba que era la punta de lanza en la política generadora de sus propios ingresos.[1] La historia económica de nuestra universidad cuenta cómo este desarrollo de autofinanciación inició con la venta soterrada de servicios, luego con la dirección de la universidad paralela -la Fundación General de Apoyo-; para llegar a la mercantilización de los posgrados y el descuido intencional a los pregrados. Panorama sintético, para primíparos universitarios. Los informes de gestión de los últimos rectores constatan estos planteamientos. Galarza, Dulcey, Rojas, Ramos, son protagonistas directos de este cambio en la función constitucional durante al menos dos décadas de vida universitaria. Para no quedarnos en el pasado y solo rememorar lo acontecido, queremos aportar a la discusión sobre la nefasta Ley 30:

Nuestra propuesta como egresados y estudiantes de Univalle, no es otra que: como usuarios del sistema estatal de educación, debemos prolongar nuestra lucha hacia la Reforma a La Constitución Nacional de 1991, para reescribir el Artículo 67 y enunciarlo como un Derecho fundamental, no como un servicio, tal como se asume en la actualidad. Esta lucha se consagraría en una verdadera puerta de entrada para recuperar el presupuesto, la autonomía y soberanía nacional, colocadas en riesgo con la pretendida Ley 30. No hablamos de la reforma a la ley, por cuanto es un remiendo a una fatídica norma impuesta por el mercado mundial. Mientras el mundo exige democracia, justicia y equidad, en Colombia se toman medidas regresivas como elevar los aportes de ciudadanos, vía impuestos o pago de la vida en sociedad (salud, vivienda, recreación, educación, seguridad). Es decir, el Estado solo se limita a administrar el recaudo y la represión. De la política social se encargará la empresa privada previamente paga por los asociados.

La reforma a esta Ley, desenmascara las verdaderas intenciones contenidas en las viejas normas del siglo anterior: En 1.992, se tomaba cuan comedia de la reforma Pastrana-Galán de 1.971.[2] La tragedia la habían vivido los universitarios contra el plan Attcon, la fundación Rockefeller, los planes de invasión ideológica de los Estados Unidos. Esta “nueva” reforma Santos-Campo (2011), solo agrega la ambición del capital en la educación. La economía política enseña que el rendimiento de la ganancia del capitalista, llamada plusvalía, solo se logra explotando. En este caso, no se había tocado abiertamente la mina de oro que se halla en la educación. Soterradamente las universidades privadas habían demostrado cómo en solo unos anos pasaban de una ciudad a todo el país, cubrían cerca del 70% de la oferta educativa hacia el 2005; generando interesantes acumulados no solo académicos.

En la actualidad, el Establecimiento, siempre ávido de recursos, buscó la joya no tocada aún. Propone la indecorosa reforma, agrega los negocios ramplones de la ex gerente del Cámara de Comercio de Bogotá; la pone a prueba para manejar asuntos de Estado que se pensaban igualmente frívolos y cerrados; impone el ritmo de la máquina estatal y se encuentra con un relámpago en cielo despejado: ella ni el gobierno de turno esperaban encontrar un movimiento vigoroso en los universitarios, y ahí se equivocó. Durante los años anteriores sistemáticamente se liquidó al movimiento estudiantil con detenciones, desplazamiento, asesinatos, chantajes. La táctica anterior de Uribe-Santos aparentemente les funcionó: por un lado implementaban las medidas del modelo neoliberal y por otra reprimían con el brazo legal o ilegal. Ahora docentes, intelectuales, artistas, estudiantes de todos los niveles se tomarían las ciudades para defender el principal capital de una nación: su cultura.

Para sustentar nuestro análisis, comentamos un artículo del profesor Salomón Kalmanovitz, un analista no intencionado y mimado por el Estado, que ha puntualizado de qué se trata la pretendida reforma:

“Se trata también de una política que continúa con la de Uribe, que en 2002 encontró un presupuesto que asignaba el 0,50% del PIB a las universidades y que en 2011 había reducido esa participación al 0,38% del producto, pero exigiéndoles a sus administraciones que ampliaran los cupos y los programas de doctorado. Eso está bien: las universidades deben emplear los recursos públicos de manera eficiente, exigirles a los profesores buena docencia e investigación y contribuir a que aumente la cobertura al máximo. Pero cuando los recursos no son proporcionales a las necesidades, lo que sucede es una pérdida de calidad, algo que fue evidente con la expansión del SENA, y que también está ocurriendo en las mejores universidades públicas del país…” [3]

Es decir, los universitarios tenemos razón: el PIB invertido a la educación decae; no hay recursos suficientes para cumplir con las metas exigidas; la calidad es un incumplible; por ello, agrega nuestro analista ex director del Banco de la República:

“…Las prioridades se revelan si se compara la participación del gasto en seguridad y sueldos de retiro, 6,5% del PIB, 17 veces superior al gasto en universidades públicas, Las prioridades se revelan si se compara la participación del gasto en seguridad y sueldos de retiro, 6,5% del PIB, 17 veces superior al gasto en universidades públicas, proporción que seguirá aumentando de acuerdo con los propósitos de la nueva ley. En la última propuesta se incluye un factor transitorio —el 3% del monto decreciente sobre el PIB—, lo cual no cambia mucho las cosas: al final del mandato único de Santos la participación cae a 0,35% del producto…”

En conclusión: no están (mos) locos ni menos desinformados nuestros líderes de la MANE (Mesa Ampliada Nacional Estudiantil), cuando evidencian el desequilibrio entre seguridad y cultura, que ni siquiera tiene algo que comparar con nuestros países vecinos. Somos una vez más, una vergüenza en materia de inversión estatal, de justicia social y derechos humanos. Estado inviable social y humanamente. Un país que no escucha a sus jóvenes y gentes educadas, qué porvenir le espera? Acaso solo estamos destinados a las fosas, el silencio, la avaricia? Males impuestos por unos pocos y colocados como identidad nacional. Vencer este capítulo depende de todos. Es con nosotr=s también.

Desde nuestros títulos y estudios, presente! Estamos, compañer=s!

Un saludo Cultural.

Minga Sur Colombia. INF: mingasurcolombia.blogspot.com www.mingasur.wordpress.com



[1] Nos referimos a la aplicación del sonado artículo 87 de la ley 30 que dice: “Artículo 87. A partir del sexto año de la vigencia de la presente ley, el Gobierno Nacional incrementará sus aportes para las universidades estatales u oficiales, en un porcentaje no inferior al 30% del incremento real del Producto Interno Bruto. Este incremento se efectuará en conformidad con los objetivos previstos para el Sistema de Universidades estatales u oficiales y en razón al mejoramiento de la calidad de las instituciones que lo integran. El subrayado es nuestro. Ver: http://www.mineducacion.gov.co/1621/articles-86437_Archivo_pdf.pdf

[2] Parafraseando al viejo Marx, sobre la repetición de los hechos en la historia, unas veces como tragedia y la otra como comedia. Ver: El 18 Brumario de Luis Napoleón Bonaparte. Ediciones Sarpe. Barcelona. 1982.

[3] Salomón Kalmanovitz. El Espectador 7 de noviembre de 2011.

Escritos MINGASURCOLOMBIA, 3

AÑO 2.012: A SOLO 7 AÑOS DEL BICENTENARIO DE LA PRIMERA REPÚBLICA

Proyecto político mínimo de soberanía e independencia nacional.

MINGASURCOLOMBIA Diciembre de 2.011


El 25 de julio de 1.819 y el sábado 7 de agosto de 1.819, el ejército Realista del Imperio Español y el ejército Libertador, Revolucionario y Patriótico, comandado por Bolívar, se enfrentaron en Boyacá, Colombia, en los albores de la Ilustración, sellando para la historia universal la derrota de la Metrópoli española con la victoria de los hombres americanos. Al mismo tiempo de esta gesta, el ejemplo de lo que serían los estados-nación fue claramente advertido por el libertador en sus cartas del Congreso de Angostura y la de Jamaica. Ideas revolucionarias no solo para nuestro entorno. Mientras por la época de 1.800 España, Francia, Italia, Alemania, Inglaterra recién salían del gobierno autocrático de las monarquías (España e Inglaterra las conservan como símbolos de unidad nacional); en las tierras americanas surgían grandes naciones, identificadas con el mestizaje, mulataje y originalidad cósmicas. Europa, engreída en guerras del fin del feudalismo y del cambio del monetarismo hacia la industrialización, solo advertía la necesidad de ideologizar y crear una dependencia cultural en las tierras del “Nuevo Mundo”. No es gratuito que el nombre aglutinador de “Latina”, para la América meridional[1], haya sido usado en una clara marca que propone sustentar la herencia de los pueblos usuarios de las lenguas romances, en España, Italia, Francia; para contraponer la idea de recolonización por Estados Unidos, sentenciada hacia 1.823, en la doctrina Monroe “América para los Americanos. De esta manera se puede sustentar que las nuevas naciones americanas surgieron más allá de los experimentos de las constituciones europeas y norte Americanas. La originalidad está contenida en frases y sentencias como la expuesta por Bolívar, al señalar que “los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a llenar de plagas a los pueblos de América”; con lo que se define un derrotero de unidad ante un enemigo, que de hecho así se ha comportado. Visionariamente el libertador ubica el corazón de esta nueva tierra en la Nueva Granada, actual Colombia, profetizando la necesidad de sembrar un gobierno fuerte, soberano y capaz. Esta idea surge, por cuanto los incipientes estados nacionales locales, fueron derrotados hacia 1.815. Se recordará que la embestida de los europeos no se dejaría esperar y fue así como destruyen la primera idea de República de 1.810. De nuevo, la originalidad de las ideas endógenas americanas formadas en Miranda, Nariño, Bolívar, Bello, Rodríguez, O’Higgins, San Martín, se sustentan en derrotar a los ejércitos tiránicos españoles para luego definir la anhelada patria, en construcción.

Como sustento a lo anterior, recurrimos a un análisis compartido por el establecimiento: Jaime Betancourt Cuartas, expresidente del Consejo de Estado, retrata la idea de Bolívar sobre los Estado-Nación:

La Nación ya estructurada es base de un concepto de mayores consecuencias cual es el jurídico para conformar un Estado, en tanto que el pueblo ha sido utilizado con desdeño al asimilarlo a plebe frente a los patricios romanos, otras veces por eminentes pensadores para definir la democracia como el gobierno del pueblo, con el pueblo y para el pueblo; también en el campo económico para delimitación de los desposeídos de la fortuna, y en reiteradas ocasiones como muchedumbre fácil para la demagogia y como sujeto de acciones vituperables. Es tan fácil definir la Nación, en cuanto a sus componentes que Bolívar en su discurso pronunciado ante el Congreso de Angostura, el 15 de Febrero de 1815, expresó: “Tengamos presente que nuestro pueblo no es europeo, ni él americano del Norte, que más bien es un compuesto de África y América que una emanación de la Europa; pues que hasta la España misma deja de ser europea por su sangre africana, por sus intenciones y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos.”[2]

De la misma manera, el Congreso Anfictiónico de Panamá, en 1.826, había avizorado la necesidad de estructurar las nuevas naciones del subcontinente latinoamericano. La propuesta consistía en unir las nuevas Repúblicas, sin perder la autonomía históricamente demarcada. Se apoyaría en cuatro estados gigantes (México, Gran Colombia, Perú y Buenos Aires-Chile), sin excluir 15 ó 17 estados en total “independientes entre sí”, según la mirada visionaria de Bolívar. En todo caso, estas Repúblicas habrían de constituirse siguiendo la tradición del uti posesedetis iuris, es decir, respetando la conformación política de la administración colonial española[3]. Construir sobre lo construido. Acumulativa pero críticamente, las nuevas naciones debían contener los principios territoriales, que aunque destruidos por el imperio español, habían creado durante 300 años identidades y funcionabilidad. A este nivel, qué pesar por las críticas sin rigurosidad histórica, que sentencian en Bolívar a un dictador, monárquico y ciego. La ideología dominante excluye este tipo de pensamiento crítico, por su consecuencia liberadora. Estos nuevos tartufos del poder, solo reconocen en Bolívar, a un guerrero del siglo XIX, instrumento de reacomodación de las élites criollas; desconociendo al político y estadista de talla mundial.[4]

De manera afortunada, estos fantasmas nacionales, endógenos, identitarios, persistentemente recorren nuestros ríos, llanos, costas, montañas. No así las mentes de nuestros líderes. Los representantes de la izquierda democrática nacional, solo balbucean unas cuantas ideas ramplonas y sin sustento, cuando no vergonzantes de los procesos de cambio social tanto internos como en nuestros pueblos vecinos. Sorprendentemente unos líderes y lideresas de los partidos tradicionales han sido más beligerantes en su papel de diseñadores del mundo de la política y las ideas. Evidentemente los ideólogos “radicales y demócratas” nuestros, desconfían del papel subvertor de estas ideas. De hecho, sí son subversivas, si entendemos por ello la acción de alterar el orden anquilosado y aparentemente sacro. Las ideas no envejecen; por el contario se refuerzan, se acicalan. Dos mil años luego, una vieja idea –la democracia- se lanza al mundo racional como la alternativa para la vida de los humanos. Palabras como soberanía, justicia, libertad, patria, son cada vez más necesarias, más vigentes. Ni la globalización, ni el capital alienante han logrado derrotarlas. Los poderosos enseñan que algunas ideas son fundantes, por ello no las cambian. Ejemplos: explotación, autoritarismo, demagogia, corrupción, soberbia, indiferencia, banalidad. Se comprueba su capacidad de acción en la historia. Reconociendo lo que somos, seguramente podremos avanzar hacia la construcción de lo que queremos. Todo lo que no sea tradición estará condenado por la historia como una vulgar copia.[5]

En el proceso de construcción de la Segunda República; nuestro Estado-Nación soberano, sustentamos tres nuevos picos históricos desde finales del siglo XX e inicios del XXI, que pueden servir como pivote para cimentar el devenir para Colombia: El primer pico histórico, en 1.996, la movilización agraria, campesina, indígena, cocalera y soberana que detuvo la implementación del plan norteamericano de eliminación de los pueblos y de las plantas nativas (coca.) Movilizados: más de 700.000 pobladores de las nuevas zonas de colonización, es decir, de la Nueva República; agregado a las acciones colectivas urbanas en solidaridad con el mundo agrario. El segundo pico, lo constituye las movilizaciones de 2.001 contra el Acto Legislativo 001, Plan de Desarrollo (y Ley de Transferencias), en que más de un millón de trabajadores, estudiantes, detuvimos de nuevo los recortes hacia la inversión social, demostrando la validez de la acción coordinada y sin mesianismos, con el pueblo soberano en las calles. De nuevo, el pueblo colombiano muestra su decisión y derrota al gobernante mafioso y autoritario inquilino del palacio y le niega los referendos (2.003-2.010), previo engranaje para perpetuarse en el poder y corromper el Estado Social de Derecho (obra colectiva ganada en 1.991, luego de la guerra popular y del posterior acuerdo de paz). Unimos los dos referendos, porque sintetizan la lucha contra el oprobioso e ilegítimo gobierno anterior. El último pico, lo acaban de escribir nuestros estudiantes y profesores universitarios, en 2.011, con la MANE (Mesa Ampliada Nacional Estudiantil). El saludo al nuevo gobierno, con solo un año de ejercicio, lo otorgaron más de dos millones de ciudadanos en franca desobediencia civil, detonando uno de los más vigorosos movimientos sociales de este inicio de siglo XXI. Este aporte es posible clasificarlo en análisis crítico como “un relámpago en cielo despejado”, que detuvo –una vez más- la voracidad del establecimiento y de las familias que la oligarquía remozada ha unificado a través del gobernante de turno. Esta última lucha, amparada por la resistencia ante la locomotora minera, que ya se descarriló en el Llano (contra Pacific Rubiales), más las demandas por daños a los ecosistemas andinos, es la antesala para aglutinar la nación soñada con o sin TLC.

Nuestro aporte sentí-pensante, en armonía con la propuesta Falsbordiana para los doscientos años de la independencia definitiva de Colombia (2.019), están contenidos en los siguientes ítems mínimos (incluyen propuestas sobre posconflicto):

1. Movilizaciones, acciones colectivas hacia la refundación de Colombia. Creación del parlamento soberano y patriótico, elaboración del mandato hacia la Reforma Constitucional de 2.013. Visita permanente a la capital durante un mes, con participación popular. Hacia el gobierno popular y toma de posición de los congresistas y líderes democráticos y progresistas de Colombia. Octubre de 2.012. Coordinan: MANE -Cabildos, Consejos Comunitarios, Sindicatos - Movimientos Sociales-.

2. Firma de TLC´s e integraciones con las naciones latinoamericanas, libertad de circulación, negocios, estudios y recreación en Latinoamérica. Derrumbe del TLC con EEUU a dos años (2.013), con la consecuente indemnización para los ciudadanos y empresarios afectados negativamente por este acuerdo inconsulto y antipatriótico.

3. Congreso unicameral, con la participación de las otras ”minorías”: desempleados, desplazados, campesinos sin tierra, estudiantes, mujeres, adultos mayores, trabajadores, afros, indígenas, hacia la promulgación de la nueva Constitución Nacional, cimentadora de Derechos y libertades. Convocatoria: 2.013.

4. Gobierno de interés nacional, supervisado por el Parlamento Latinoamericano, que sea capaz de reparar a las víctimas de los conflictos nacionales y cerrar la brecha de la guerra centenaria. Transición hacia la Unión Latinoamericana (símil de la Unión Europea). Elección popular democrática 2.014. Vencer la abstención, bajándola al 25%.

5. Establecimiento del gobierno de paz y progreso, que traslade la capital de la República hacia Puerto Carreño, como mensaje de apoyo y compromiso hacia la otra nación en la ribera del Orinoco. Se suprimen ministerios de Hacienda, Minas, Defensa, para crear el de Integración, Reciprocidad y Progreso. Supresión Año: 2.016.

6. Creación del parlamento por la libertad y justicia de los pueblos. Expandir la democracia desde abajo hacia arriba. Cambio en la asignación del gasto hacia lo social y de reparación. Nuevo estado, firma de tratados de paz y amnistías. Transversal.

Cada punto aquí expuesto pertenece a la síntesis analítica contenidas en las exigencia se los planes de desarrollo para los campesinos, propuestos en 1.996; agregados a los mandatos indígenas de 2001, ratificados en 2005 y 2009; agregados a las conclusiones de los encuentros universitarios de 1998, 2000 y 2001; más los acuerdos de las Centrales Trabajadoras; cerrando con las propuestas de servicios y garantías sociales mínimas recogidas de estudiantes, trabajadores, campesinos y ciudadanos del común en Colombia. Estos puntos fueron a su vez sustentados en al menos tres escenarios: en los diálogos de 2.001, en el Caguán, incluida la propuesta de Convención Nacional. Dos, ampliados en los paros nacionales de 2001, y reforzados en los idearios de unidad del Polo Democrático Alternativo, Marcha Patriótica, y el Movimiento Progresistas, plataforma mínima en construcción, 2011.

En espera de su lectura crítica y aportes analíticos,

En el nuevo 2012, a solo 7 años de la conmemoración de la segunda y definitiva independencia, reciban un saludo patriótico con sentido de pueblo.

Mingasurcolombia.

INF: mingasurcolombia.blogspot.com

www.mingasur.wordpress.com



[1] Granados Aimer y Marichal Carlos. Construcción de las identidades latinoamericanas. Ensayos de historia intelectual siglos XIX y XX. El Colegio de México. 2004

[2] Betancourt Cuartas, Jaime. Ciudadanía y Nacionalismo en Bolívar. Revista Juris Dictio. http://www.encolombia.com/derecho/RevistaJurisDiction/Asomagister11206/Asomagister11206Ciudadania.htm

[3] Para una mayor referencia, el texto de Olmedo Beluche ilustra una síntesis de cuál era el proyecto original de la conformación de los estados nacionales en el pensamiento de Bolívar. Ver: Beluche, Olmedo. Unidad latinoamericana ¿Utopía o posibilidad real? Colección Ideas Claves. 2008. Imprenta Nacional. República Bolivariana de Venezuela.

[4] Minga Sur Colombia, comparte el idea que Bolívar sensiblemente despierta al nuevo hombre latinoamericano, rescatando su verdadera identidad. Lo lanza hacia la historia universal; en contradicción a Hegel, quien pensaba –en sintonía también de Marx-, que nuestros pueblos se encontraban por fuera de la historia. A 200 años de su gesta libertaria, es oportuno reconocer su poderosa propuesta, alternativa para un Estado- Nación. Sobre este propósito, en un riguroso estudio, el doctor en Ciencias Históricas, Anatoli Shulgovski, ha demostrado la amplitud del pensamiento Bolivariano, colocando sus tesis a la altura del mundo ilustrado europeo, haciendo parte de la lucha por la utopía social y popular. Simón Rodríguez, padre ideológico del libertador es comparado con los socialistas utópicos del XIX como Fourier, Owen, Saint Simón. Esta literatura está excluida intencionalmente de la escuela y los debates de nuestros líderes. Ver: Shulgovski, Anatoli. Cátedra Bolivariana. El proyecto político del libertador. Ediciones Ceis. Bogotá. 1983.

[5] Nos referimos a los aportes del maestro Fals Borda, en sus obras La Subversión en Colombia; y Hacia el Socialismo Raizal y Otros Escritos.